De la Venezuela del Reseteo al reseteo de las ciudades
El reseteo venezolano como oportunidad para descentralizar el Estado y reconstruir el país desde sus ciudades.
La Venezuela del reseteo, término acuñado por el economista Asdrubal Oliveros, para referirse al proceso de transformación político y económico que atraviesa Venezuela desde el 3 de enero; es una ventana de oportunidad para implementar cambios necesarios para pasar de un país centralista a uno federalista.
Una de las maneras más efectivas para lograrlo es reestructurar cómo se financian las alcaldías y gobernaciones.
En la actualidad, las capacidades de recaudación de las alcaldías y especialmente de las gobernaciones, son limitadas, por lo que dependen profundamente del El famoso “situado constitucional”, la partida presupuestaria que el gobierno central asigna , discrecionalmente, a gobernaciones y alcaldías. La dependencia de las alcadías y gobernaciones de este situado puede variar desde un 30% (en el mejor de los casos), hasta un 98%.
En pocas palabras, durante décadas los venezolanos hemos aceptado que arreglar un bache en una calle de Naguanagua o San Diego depende de que una partida presupuestaria sea aprobada en Caracas .
El actual momento de “reseteo” político es una oportunidad para una transformación real que nos permita tener municipios con mayor autonomía fiscal, lo cual traería beneficios económicos, y también de pacificación política.
La propuesta es otorgar a las alcaldías y gobernaciones la potestad de recaudar el Impuesto Sobre la Renta (ISLR), el IVA y la capacidad de emitir deuda pública.
¿Suena a locura? Pues ese es el estándar de ciudades que lograron desarrollarse y prosperar.
Córdoba, Bogotá y Medellín: Tres casos de éxito
Hay muchos ejemplos de ciudades que lograron dar el salto de modernidad que buscaban, gestionando su fisco y deuda, tal es el caso de Nueva York, Zurich, Phoenix y demás ciudades de países desarrollados.
Sin embargo, con frecuencia se dice que Venezuela es un caso distinto y que debe compararse más bien con sus pares; por tanto traigo 3 ejemplos latinoamericanos de ciudades que lograron dar un salto de modernidad a través de la gestión del fisco y la deuda:
Córdoba (Argentina): Mientras el gobierno nacional de Argentina lidiaba con su crisis económica, la Provincia de Córdoba se convirtió en un faro de solvencia. Córdoba emite bonos internacionales (como el premiado por LatinFinance) para financiar obras de envergadura como gasoductos e infraestructura vial. Al tener capacidad de deuda propia, la ciudad no espera por “la transferencia” de Buenos Aires; sale al mercado, demuestra su buena gestión y atrae capital. Funcionando además como un compromiso a largo plazo con los acreedores y por tanto evitando que los proyectos sean abandonados cuando un nuevo alcalde llegue a la oficina.
Bogotá y Medellín (Colombia): Estas ciudades son las “joyas de la corona” del desempeño fiscal. En Colombia, el Impuesto de Industria y Comercio (ICA) y el predial son gestionados localmente. Bogotá ha logrado una independencia tal que el 77% de sus indicadores de desempeño fiscal son sobresalientes, reduciendo su dependencia de las transferencias nacionales. Medellín, por su parte, utiliza su fortaleza financiera para emitir deuda y financiar proyectos de transformación social que son referencia mundial (como el Metrocable), demostrando que la autonomía local es el motor directo de la calidad de vida.
¿Qué hay que cambiar?
Para lograr estos cambios, hay que reformar ciertos instrumentos legales que permitan el endeudamiento y la recaudación municipal:
1. Reforma de la Constitución (CRBV): Modificar el Artículo 156 (Numeral 12) que define el IVA y el ISLR como competencias exclusivas del Poder Nacional. Esas competencias deben pasar a ser concurrentes o compartidas con el poder municipal y regional. La modificación implicaría establecer una alícuota porcentual de estos impuestos (Por ejemplo, el 40%) que sea recaudada y administrada directamente por el municipio y la gobernación donde se genera la actividad económica.
2. Reforma de la Ley Orgánica del Poder Público Municipal (LOPPM): Ampliar el capítulo de la Hacienda Pública Municipal para permitir la emisión de títulos valores y deuda pública municipal, respetando siempre el principio de responsabilidad fiscal, para evitar que los municipios se endeuden irresponsablemente desequilibrando las finanzas públicas.
3. Reforma del Código Orgánico Tributario (COT): Descentralizar el control sobre la recaudación del SENIAT, permitiendo que las gobernaciones creen sus propias instituciones para recaudar los impuestos nacionales compartidos (ISLR e IVA), operando con un sistema de “taquilla única virtual”, donde todo el proceso de cobranza sea simplificado y digitalizado.
El federalismo como herramienta de pacificación política y recuperación económica
Cuando las alcaldías y las gobernaciones reciben sus ingresos principalmente de los impuestos que recaudan, en lugar del situado constitucional, el comerciante sustituye a Miraflores como el principal contribuyente y por tanto también sustituye al poder central como principal fiscalizador del alcalde.
Por otro lado, se reducen los incentivos para la evasión fiscal, porque el beneficio (una mejor calle, iluminación, seguridad local) es tangible e inmediato.
Además, la capacidad de emitir deuda permitiría a ciudades como Valencia o Maracaibo buscar financiamiento internacional para sus propios proyectos sin pasar por el filtro burocrático de la capital, permitiendo el desarrollo de obras de gran escala y un desarrollo de la ciudad a largo plazo.
La política en Venezuela es desde hace mucho tiempo un juego de “todo o nada”, donde quien controla Miraflores controla todo, desde los asuntos más importantes del Estado hasta el dinero que manejan las alcaldías más pequeñas.
La pacificación política de Venezuela pasa por bajarle la temperatura a la lucha por la presidencia. Si más ingresos del Estado y su administración se quedan en los municipios y gobernaciones, Miraflores deja de ser el “todo o nada”.
Un alcalde o gobernador de oposición en una zona industrial o un alcalde oficialista en una zona rural tendrían los recursos para demostrar su gestión sin depender de la “buena voluntad” del Ejecutivo nacional.
Se generaría un mercado de competencias entre las ciudades, donde cada una de ellas buscaría ofrecer las mejores oportunidades y servicios para los venezolanos. Así, se alinean los incentivos para que todo el espectro político acompañe una campaña federalista y descentralizadora.
El “reseteo” no debe ser solo sobre las caras del poder público, o la gestión de la renta petrolera, sino sobre cómo se estructuran los ingresos del Estado y su administración a todo nivel. Darle autonomía fiscal a los municipios y gobernaciones es darle el poder a los ciudadanos y convertir a cada alcaldía y gobernación en un motor de reconstrucción nacional. Las ciudades de Venezuela no pueden seguir esperando por el permiso de Caracas.




