Delcy reconoce el colapso, pero borra al autor
Su discurso admite la crisis, explica que fue el bloqueo y promete recuperación. Pero en ningún momento se dice quién gobernaba mientras todo colapsaba.
La dictadora encargada, Delcy Rodríguez, habló el miércoles al país como si estuviera inaugurando una nueva etapa. Su discurso pretende imponer la idea de que el presente puede separarse del pasado, aun cuando quienes gobiernan siguen siendo los mismos.
Rodríguez se refirió al recuento del colapso económico, la caída del PIB, la hiperinflación, la pérdida del poder adquisitivo y la migración masiva. Luego, la explicación de lo anterior, lo que el régimen denomina “el bloqueo”. Finalmente, cerró con una promesa: una recuperación sostenida del país, de manera responsable, que ya estaría en marcha.
Rodríguez insiste en que “no se pueden repetir los errores del pasado”; la frase parece técnica, pero cumple una función política clave: reconoce las fallas sin asignar responsabilidades. Algo así como que “el error existe, pero no tiene autor”; en síntesis, el pasado se menciona, pero no se le atribuye a nadie ni a nada.
El Rodrigato propone una separación entre dos momentos: el del deterioro y el de la recuperación, y en esa separación, reposicionarse como conductores de la solución.
Sin embargo, hay una paradoja evidente: quienes administraron el colapso son los mismos que ahora proponen corregirlo. El chavismo no sería un ciclo agotado, sino un proyecto que aprendió y se ajustó.
¿Cómo sostiene esa idea? Cambiando el lenguaje. Desaparece el tono épico y aparece una retórica técnica: aumentos “responsables”, crecimiento “paulatino”, rechazo a los “falsos incrementos”.
Ese desplazamiento reduce expectativas, justifica la lentitud y desplaza la discusión fuera del terreno democrático. En paralelo, el llamado a la unidad atraviesa el mensaje al incluir a empresarios, trabajadores, jóvenes e incluso a la propia oposición. En conjunto, el discurso busca intervenir en la memoria, instalar la idea de que el pasado puede quedar atrás sin alterar el poder.
Ese es el intento de convencer a un país que atravesó una crisis profunda de que empieza algo distinto, sin que cambien los actores. La pregunta es si Venezuela está dispuesta a creerlo.



