Paola Bautista de Alemán: “Esta instancia funcionará si nos permite ir a votar”
La politóloga venezolana analiza el nuevo diálogo, el papel de Estados Unidos y de la Asamblea Nacional de 2015, y las condiciones necesarias para que el proceso conduzca a elecciones libres.
Paola Bautista de Alemán es periodista venezolana, doctora en ciencia política por la Universidad de Rostock y Hewlett Visiting Fellow for Public Policy en el Instituto Kellogg de la Universidad de Notre Dame. Dirige el Instituto de Estudios Políticos FORMA y preside la Fundación Juan Germán Roscio.
En esta conversación con Politiks, analiza el nuevo proceso de diálogo, el papel de la Asamblea Nacional elegida en 2015 y de Estados Unidos, los resultados que podrían otorgarle legitimidad al mecanismo y los riesgos para la oposición y la transición.
Esta entrevista fue editada para mayor brevedad y claridad.
Los venezolanos aún están descubriendo las implicaciones de este proceso. ¿Cuál es tu balance de la situación a día de hoy?
Yo creo que estamos ante una oportunidad democrática para el país, en la que se está abriendo la puerta que después del 28 de julio no se pudo abrir, porque después del 28 de julio los venezolanos nos enfrentamos al muro inmovilista de la dictadura, que fue violencia, represión, muerte, cárcel y tortura. Fueron dieciocho meses duros, desde el 28 de julio hasta el 3 de enero.
Se abrió un proceso de tutelaje con los Estados Unidos que se vio profundizado después de los dos terremotos del 24 de junio, que lo que evidenciaron, entre otras cosas y con muchísimo dolor humano, es que el Estado venezolano está completamente destruido y reducido a sus capacidades represivas.
Y esta es una iniciativa promovida con Estados Unidos como garante para concretar lo que Estados Unidos ha llamado la tercera fase hacia el cambio político, que es la transición. De modo que, si me preguntas, es un momento de esperanza, porque todo momento de oportunidad es de esperanza y, por supuesto, no está exento de riesgos ni de grandes desafíos.
La Asamblea Nacional de 2015 fue elegida hace más de diez años y el chavismo no le permitió legislar. Muchos venezolanos se preguntan qué ha hecho en este tiempo y por qué se ha depositado esa confianza en este órgano. ¿Cómo se explica?
La Asamblea 2015 lo que ha hecho es resistir, resistir desde el día 1. En el 2015, la oposición venezolana ganó la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional y no dejó juramentar a los diputados que hacían valer esa composición de la Cámara. A partir de ahí, lo que siguió fue una relación de profunda tensión que terminó con diputados presos, con muchísima represión, con muertos y con exilio. Gran parte de los diputados de la Asamblea 2015 tuvo que salir del país para resguardar su integridad física.
¿Y qué ha hecho la Asamblea 2015? Resguardar los activos de la República. En ese proceso de resguardo creó unos vínculos muy importantes de confianza con el gobierno de los Estados Unidos, que ha encontrado en esta institución un género de negociación con anclaje institucional que busca abrir puertas a la democracia.
Tiene déficit de representación, sí; sería torpe o irreal negarlo. Pero también es verdad que, en los procesos de transición hacia la democracia, los órganos legislativos encargados de generar las condiciones para avanzar en la democracia no siempre cuentan con toda la representación necesaria. En España, quienes proclamaron la ley de reforma política fueron las Cortes franquistas. En Chile, la Constitución que habilitó la transición fue la de 1980, de Augusto Pinochet.
De modo que el tema de la representación es un tema muy difícil y, sobre todo en nuestra cultura política, es algo muy complejo porque existe un liderazgo que todos apoyamos y que es muy fuerte, que es el liderazgo de María Corina Machado.
Hasta ahora solo se han reportado seis integrantes de la delegación opositora, todos diputados de Voluntad Popular y Primero Justicia. ¿Cómo se llegó a esta conformación?
Antes de emitir mi opinión, creo que es muy importante comentar algunos asuntos sobre la Asamblea Nacional y los procesos de negociación. Estos procesos de negociación tienden a ser rígidos y disciplinados, en los que las vocerías están muy bien establecidas. En este caso tengo entendido que la vocería la tiene la presidenta de la Asamblea Nacional y, por lo tanto, no tengo información sobre la conformación de la delegación opositora.
Lo que sí puedo decir, porque ya lo ha dicho en distintas entrevistas, es que la conformación de la delegación y el diseño del mecanismo vinieron directamente del Departamento de Estado y que, por eso, es una iniciativa que sale de quienes son nuestros principales aliados en la democracia.
Una propuesta que venga de manos de ellos, que por supuesto tiene los déficits de los que hemos hablado y quizás incluso tenga más déficits de los que hemos hablado, pero que tiene la garantía de ir acompañada de uno de los principales motores del cambio político, creo que es un muy buen signo de posible éxito para esta iniciativa de la que estamos hablando el día de hoy.
¿Qué papel desempeña este diálogo en la transición política?
El documento que publicó el Departamento de Estado no habla de negociación, sino que habla de diálogo y presumo, no tengo información, pero presumo, que es el término que ha sido acordado entre las partes.
Ya usó la fuerza y no quiere volver a usarla. Estados Unidos es una realidad política, social, económica y militar en suelo venezolano.
Lo principal es el apoyo, el respaldo y la garantía de los Estados Unidos.
Por lo que ha dicho el Departamento de Estado y por lo que ha manifestado Dinorah Figuera en sus declaraciones, el objetivo fundamental de esto es devolverles el voto a los venezolanos. Yo lo que quiero es levantarme un domingo muy temprano, tomarme una taza de café, ponerme unos zapatos de goma, ir a votar, volver a mi casa, pasar el día con mis hijos, que todos mis hijos estén en Venezuela y que todos estemos en Venezuela, y que media hora después de cerrar las mesas tengamos los resultados y María Corina Machado sea presidente de nuestro país. Eso es lo que quiero que salga de la mesa de diálogo entre el gobierno interino y la oposición venezolana.
El chavismo ha utilizado negociaciones previas para ganar tiempo y ha incumplido los acuerdos. ¿Por qué este proceso sería diferente? ¿Cómo influye el liderazgo de María Corina Machado?
La diferencia que tenemos ahora es que el motor del cambio político es la fuerza o la amenaza de usarla, y que esa fuerza acompaña el proceso. No es poca cosa que el Departamento de Estado emita un comunicado que anuncia el proceso.
El liderazgo personal es muy importante. La forma en que ella articula la sociedad. También por el timing y la coincidencia de variables. En la negociación de Barbados todavía no había pasado la primaria. De hecho, la primaria ocurre justo mientras ocurren Barbados y el liderazgo de María Corina no estaba tan asentado a nivel nacional e internacional como lo está ahora.
La sociedad venezolana está unida en su deseo de democracia. Por supuesto que hay distintas maneras de ver la realidad y por eso somos demócratas. Nosotros somos civiles y por supuesto que hay diferentes opiniones, aproximaciones, perspectivas. Pero el pueblo venezolano está unido en su deseo de democracia.
La tarea no está hecha. Tenemos que estar muy vigilantes y por eso a mí me pareció extraordinario el comunicado de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia cuando plantean una cierta función contralora ciudadana frente al proceso. Todo ciudadano que quiera seguir el proceso de cerca, obtener información y revisarlo es absolutamente bienvenido. Ese es el rescate de la cultura democrática que Venezuela necesita.
¿Qué deben observar los venezolanos para evaluar si el proceso está teniendo éxito? ¿Cuáles deberían ser las prioridades específicas?
Los resultados. Este tipo de instancias cobra lo que se denomina legitimidad de ejercicio. Esta instancia funcionará. La democracia será un éxito si nos permite ir a votar, si nos permite rescatar nuestras instituciones, si permite que se desmantele el aparato de represión.
Tenemos que estar atentos, como ciudadanos, a su desempeño. Objetivo planteado, objetivo cumplido. Promesa alzada, promesa cumplida. Y creo que eso es lo que nosotros tenemos que seguir: que esta instancia vaya ganando legitimidad en el ejercicio en dos sentidos, en objetivos cumplidos y en inclusión. Inclusión de abrirse a la sociedad porque vienen cambios profundos.
Creo que en Venezuela, al hablar de transición, nos quedamos cortos. Venezuela necesita una transformación. El Estado venezolano está absolutamente destruido. El Estado venezolano durante 27 años desmanteló sus capacidades asistenciales, su razón de ser, monopolio de la violencia, control territorial, capacidades asistenciales. El Estado venezolano quedó reducido a la coerción, a la represión, a la muerte, a la tortura, al desastre, a hacer añicos la vida de la gente. De modo que para recuperar la democracia tenemos que recuperar el Estado, recuperar el control territorial, recuperar el monopolio de la violencia, recuperar las capacidades asistenciales. Y creo que este proceso de diálogo, de encuentro, de negociación y de generación de consensos debe apuntar a esa verdadera transformación de nuestro país, que sea estable, duradera en el tiempo.
Una prioridad específica es el cambio del Consejo Nacional Electoral y de las reformas electorales que permitan que el voto valga, así como acuerdos políticos que posibiliten la alternabilidad pacífica del poder.
El sistema electoral venezolano, un sistema electrónico, nos permitió validar el triunfo electoral mediante los códigos QR que emitían las actas de votación. De modo que en el caso venezolano, el problema, más que el sistema, fue la voluntad política. La prioridad es que existan los cambios nominales necesarios para que el Consejo Nacional Electoral responda a la Constitución Nacional y a la voluntad de la gente, y un acuerdo político firme de que, cuando se pierde la elección, usted deja el poder.
El problema no fue que el sistema no funcionara. El problema fue que Amoroso era un malandro que llegó a dar una rueda de prensa con una servilleta en la que escribió unos números que ni siquiera cuadraban. Entonces necesitamos cambiar al malandro. Es decir, que en el Consejo Nacional Electoral existan personas que respeten la Constitución, respeten la voluntad de la gente y que quienes están en el poder, al perder la elección, lo entreguen sin show, que lo entreguen de una manera democrática, constitucional y pacífica. Es una cosa muy, muy sencilla, pero, como los venezolanos lo sabemos, es tan sencillo como difícil de ejecutar cuando no existe voluntad política.
¿Cuáles son tus principales preocupaciones? ¿Cómo puede fracasar este proceso?
Lo primero que te tengo que decir es que soy existencialmente optimista. Rara vez vas a conversar conmigo y me vas a encontrar de mal ánimo. Yo jamás voy a dejar que el chavismo imprima en mi alma y en mi corazón desesperanza o desánimo al ver el futuro. Si ellos logran eso, triunfan y conmigo no van a triunfar en ese particular.
Lo primero que me preocupa es que nosotros, como oposición, podamos fortalecer el compromiso de los Estados Unidos con el proceso. Que a pocos días todavía no tengamos el nombre completo de quiénes son los miembros de la delegación y que haya un amplio margen de especulación significan que las cosas se están manejando con muchísima delicadeza, con muchísima reserva, con muchísimo profesionalismo, con muchísimo cuidado, de modo que podamos ser actores confiables para todos los que están sentados sobre la mesa.
Eso es un asunto que me preocupa y que, aunque me preocupa, también me ocupa. Esa preocupación no se traduce en inmovilismo, sino en preguntas sobre cómo hacernos cada día más confiables como actores políticos.
Lo segundo que me preocupa es la capacidad de resiliencia política que tendrá la oposición en estos momentos. Creo que el chavismo seguirá siendo una fuerza política en nuestro país. El chavismo, tras este proceso, seguirá compitiendo en las elecciones. El chavismo tiene dinero porque ha robado durante 27 años. Hay una nueva élite económica que muy probablemente apoyará ese proyecto político. Son audaces y sagaces. Eso lo sabemos.
La oposición tiene que permanecer unida tanto en el proyecto de país como en el ámbito electoral, porque nuestra gran misión no es solamente llegar a una elección, sino que, cuando llegue esa elección, vayamos todos unidos a ella. Lo que no nos podemos permitir es que el chavismo nunca más gane una elección en nuestro país. Que el chavismo compita, que le echen pichón, que se lancen, que gasten plata, que hagan lo que quieran, pero que nunca más el pueblo venezolano los haga mayoría ni ellos lleguen al poder. Y eso sí depende de nosotros, porque mal haríamos si esta negociación llega a buen puerto, se convocan unas elecciones justas, libres y transparentes y vamos divididos. Eso sí me preocupa.
La otra cosa que me preocupa es que el chavismo se vuelva loco, lo cual también puede ocurrir. Esa es la tercera cosa que me preocupa. Hace tres o cuatro días vimos a Iris Varela rechazar con firmeza el proceso de diálogo. Vimos a Mario Silva diciendo que no podía hablar sobre Delcy Rodríguez porque se lo llevaban preso, y yo pensaba: ‘Bienvenido al club’. Luego vimos a otra gente que mandó banderas de Estados Unidos e Israel. Entonces, bueno, el chavismo tampoco es que lo tenga fácil. Y creo que ese es el mejor signo de que estamos en transición, que nadie lo tiene fácil.



